La crucifixión era la máxima pena que imponía el imperio.
Era un castigo tan denigrante que estaba reservado únicamente para los esclavos.
Tener algún parentesco, familiaridad o amistad con un condenado a la cruz era causa del repudio social y Jesús fue condenado a morir en la cruz, como sedicioso y malvado. A la comunidad de seguidores de Jesús le costó un enorme esfuerzo explicar el sentido de la crucifixión de Jesús.
